El YO, ¿la persona más importante de mi vida?

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Autor: Victor Urbina Lobato

Pareciera que, entre tanto ruido, compromisos y rutina, se nos olvida muchas veces pensar y cultivar a ese ser tan importante: el YO. No escribo para que alimentes tu ego, todo lo contrario, deseo que nos detengamos justo en este momento y pensemos ¿quién soy yo?, vamos, hazlo como un pequeño ejercicio, ¿recuerdas tu infancia?, ¿cómo eras?, ¿cómo te vestían?, ¿dónde vivías?, ese YO niño vivirá siempre en ti, son recuerdos inocentes que forjaron a la persona que eres hoy en día. Por cierto, ¿qué edad tienes actualmente?, ¿soñaste con ser lo que eres?, ¿quiénes te han apoyado para formarte en lo que eres hoy?, ¿qué metas te faltan por alcanzar?, y así, otras tantas interrogantes que pueden aparecer en este momento por tu mente, disfruta esos recuerdos, pues nadie te los puede quitar.

 

Sin embargo, ¿no te parece que el ser humano se preocupa y se ocupa en otras personas, pero olvida consentirse a sí mismo? Este tema es complejo para muchos, sobre todo para aquellos que son madres y padres, quienes colocan en 1er lugar como las personas más importantes de sus vidas a sus hijos, porque ciertamente son la bendición más grande que Dios nos puede dar. Pero, para dar ese amor incondicional a otros NO hay que olvidarse jamás de sí mismos. La clave para poder amar a las demás personas es, primero que todo, amarnos a nosotros mismos. Es imposible dar a los demás lo que a nosotros nos falta, si no somos capaces de sentir amor por nosotros mismos, será imposible hasta que podamos tener una relación de pareja sana.

 

Hay que consentir al YO, darse la oportunidad de sacar la mejor versión de cada uno, descubriendo el potencial que tenemos a todos los niveles, sea afectivo, romántico, espiritual, entre otros. Amarse a uno mismo también es sinónimo de ser honestos con ese YO y con los demás, comprometernos con la vida, con el bienestar propio y ajeno. Hay que aceptarnos plenamente, respetarnos y amarnos por ser quienes somos. Tomar en cuenta que somos seres temporales, y estamos en este trayecto de vida para disfrutarla y disfrutarnos a sí mismos.

 

Es por ello que reitero que nadie puede dar de lo que carece. Cada persona debe estar consciente de su propia identidad y de su relación con el medio. Aprovechemos al máximo nuestra creatividad, hagamos alguna actividad física, dile a tu familia y pareja que los amas, valora a tus amigos, aprendamos otros oficios, hagamos un nuevo curso, seamos tolerantes, no le tengamos miedo al fracaso, seamos libres, promovamos la alegría; todo esto sumado al ejercicio mínimo de pensar todos los días así sea 5 minutos en mí, en ese YO, en reconocer dónde estoy parado en el tiempo y hacia dónde me dirijo. En definitiva… ¡ÁMATE!

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